Nueva ley de franquicia y lo que cambia en la traducción de contratos

La nueva ley regulariza la situación de los negocios y reformula los contratos de franquicia

La nueva ley de franquicia, como expresan algunos expertos en el tema, llegó para traer madurez al proceso que ocurre con mucha frecuencia entre los empresarios de Brasil.

El día 27 de diciembre de 2019, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sancionó la Ley nro. 13.966/2019, que entró en vigor tras 90 días – el tiempo necesario para que los sistemas se adecuen (entre la publicación y la vigencia), que es lo que se conoce como vacatio legis – y que revocó la Ley anterior de nro. 8.955/1994.

De esta forma, se realizó una renovación del decreto que presentaba muchas fallas y desalentaba el emprendimiento. La nueva ley cambia los contratos de franquicia anteriores, los cuales pasarán a adaptarse a las nuevas determinaciones.

¿Qué cambió?

El Código de Defensa del Consumidor fue retirado de la relación de franquiciador y franquiciado, de forma que se trata de un vínculo entre empresarios, es decir, el consumidor no participa.

Como se trata de una situación de negocios con partes capaces de relacionarse jurídicamente, el proceso arbitrario también fue incluido en una de las cláusulas de la ley, lo que significa que las partes pueden resolver sus cuestiones jurídicas con el auxilio de un intermediador, sin que sea necesario un procedimiento jurídico público.

Asimismo, el franquiciado también pasa a conocer mejor el emprendimiento contratado, de forma que el envío de la Circular de Oferta de Franquicia (COF) pasó a ser obligatorio por el franquiciador en un plazo máximo de diez días.

Eso hace que ningún negocio sea firmado sin que ambas las partes tengan total conocimiento de lo que es realizado, para que no haya remordimiento y la situación no se escape de las manos.

También analizada por la Asociación Brasileña de Franchising, la nueva ley de franquicia asegura que, con los contratos bien reglamentados, los procesos ocurrirán de forma más acentuada.

¿Por qué cambió?

Antes, el franquiciador era percibido como un prestador de servicios y las exigencias de estándares, por ejemplo, podrían considerarse abusivas, porque el franquiciado era visto, de cierta forma, como un consumidor.

Algunas situaciones, como el marketing promovido por la marca, por ejemplo, hacen que la empresa sea totalmente responsable de la imagen que transmite, juntamente con sus servicios. Con todo, se entiende que los servicios son de responsabilidad del franquiciado.

Dicho esto, se trata mucho más de una relación de negocios que de productos y servicios, como ocurre en los casos de consumo.

El franquiciado debe, entonces, entender su posición en el emprendimiento para que logre actuar a tono con las nuevas cláusulas contractuales establecidas.

Los cambios ocurrieron no sólo para las empresas de la iniciativa privada, las cuales buscan la utilidad particular, sino que para todas las organizaciones que, a partir de la nueva ley de franquicia, podrán franquiciarse, aunque no existan con ánimo de lucro.

Es decir, fundaciones, instituciones, empresas de economía mixta, entre otras, podrán valerse de esta ley, pudiendo ser confuso en el proceso de instauración, en el caso de que no se elaboren bien los contratos.

¿Cómo la nueva ley de franquicia puede influir en la traducción de contratos?

Según las alteraciones contractuales, las cuales pasarán a observarse con más atención, principalmente la Circular de Oferta de Franquicia (el código que reglamenta tal relación), la traducción de contratos juega un papel fundamental en este proceso.

Ese tipo de traducción permite que negocios como las franquicias puedan ocurrir, aun entre empresas de países diferentes que, consecuentemente, tendrán reglamentaciones específicas para la economía local.

Así, no hay soberanía entre las leyes, debiendo ocurrir, solamente, adaptaciones para que los negocios se establezcan de la mejor forma posible.

En este sentido, es necesario que el contrato pase por las manos de una empresa de traducción con experiencia, la cual atenderá sus demandas, haciendo que el contrato esté de acuerdo con el país de vigencia.

Pero los contratos anteriormente estructurados también deberán pasar, otra vez, por una traducción. Siendo que, con la actualización de determinadas cláusulas, todo lo remanente deberá ser alterado, incluso lo que ya se encontraba en vigor.

Por este motivo, las empresas deben estar siempre atentas a las actualizaciones y no eliminar la necesidad de un nuevo servicio de traducción por un profesional cualificado, debido a los cambios periódicos por que pasan las leyes.

Además, para que cualquier contrato posea validez legal, no se debe confiar en traductores automáticos, debido a los peligros de irregularidades que pueden ocurrir.

Es importante no sólo que los contratos estén en regla, sino que el documento también cumpla los estándares técnicos, para que no haya cualquier malentendido – aún más cuando se trata de asuntos económicos, donde cualquier detalle puede ser crucial para la permanencia del emprendimiento.

No es por nada que la ABF (Asociación Brasileña de Franchising) juega un papel fundamental en los procesos de franquicia, de forma que actúa desde hace años – desde 1987, más específicamente – reglamentando un tipo de negocio que puede parecer muy complicado para quienes no lo comprenden bien.

Por ese motivo fueron tan necesarios los cambios que ocurrieron en la ley que, aparentemente, no necesitaría ser reformulada – resolviendo los antiguos problemas jurídicos que la política de franquicia anterior causaba.

Así, con la resolución de antiguos conflictos y manteniendo los contratos en conformidad, las autoridades podrán concentrarse en el mantenimiento de entidades que tanto apalancan la economía de Brasil.

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